13 de diciembre de 2011

Hacia una cultura del diseño


Guadalupe Bracuto Verona
Por , Diseñadora gráfica

A menudo nos quejamos de que nuestros clientes en muchos casos no valoran nuestro trabajo. Con frecuencia nos preguntamos por qué la sociedad no toma al diseño como una disciplina relevante. Las idas y vueltas sobre “pareceres” al respecto, resultan

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interminables. Sabemos que hay ámbitos en los que somos muy valorados, pero también sabemos que los que nos necesitan no conocen mucho sobre nuestra existencia.

Salvando las distancias, y sin dejar de tener en cuenta nuestras particularidades, entendemos que nuestro objetivo no es un capricho: en otros países del mundo como Alemania, Suiza o Italia, el diseño está relacionado con grandes aportes y reconocimientos. Sabemos que el Estado lo sabe y las personas lo usan, lo perciben y lo valoran. ¿Sabemos cómo se construye esa cultura del diseño?

Me propongo argumentar que los diseñadores no somos “choferes de mouse” y que muy por el contrario, en conjunto, estamos llevando a cabo una tarea a la que habría que identificar y nombrar: en definitiva, creo que deberíamos tomar conciencia de que estamos desarrollando una cultura del diseño tal vez sin saberlo.

Partamos de algunas preguntas que creo fundamentales que el diseñador se haga en su práctica cotidiana. ¿Qué tipo de aportes hace el diseño a la sociedad? ¿Económicos, culturales, educativos? ¿Sabe nuestro cliente qué hacemos? ¿Sabe qué es lo que tiene que aportar él y qué es lo que vamos a poder solucionar nosotros? ¿Tiene que saberlo? ¿Sabemos explicarlo? ¿Qué es lo que implica el diseño? De lo que sí estamos convencidos es que aportamos un valor intangible a la sociedad muy importante, pero ¿sabemos contarlo?

En principio podemos señalar instituciones del Estado que se han hecho estas preguntas y que entienden que la planificación de una inserción responsable del diseño en la sociedad es de vital importancia. El Centro Metropolitano de Diseño (CMD), por ejemplo, con sus jóvenes 10 años, trabaja con el foco puesto en la generación de políticas públicas que ayuden a que el diseño sea una herramienta al alcance de todos, articulando el sector público con el privado, capacitando a los distintos eslabones de la cadena productiva e incentivando la relación entre diseñadores y empresarios. Lo mismo sucede con el INTI y su programa ProDiseño, o con el Plan Nacional de Diseño de la Secretaría de Industria y Comercio del Gobierno de la Nación, quienes a través de la vinculación de los distintos actores también desarrollan programas de concientización para lograr una cultura de diseño. Y los profesionales, ¿qué hacemos para trabajar en ella también?

Para poder comenzar a responder esta pregunta, sería importante que nos concentremos en lo que es nuestro principal foco de conflicto como profesionales: el otro. La persona que requiere los servicios de un diseñador es alguien que, en principio, entiende que puede ser ayudada en algo que necesita pero que no entiende muy bien cómo. Este otro, en un acto de humildad, está depositando una confianza –autogenerada, en principio– en un intangible como lo es un servicio de diseño y en un profesional al cual no termina de entender. Seguramente haya llegado a nosotros por recomendación o por algún tipo de reflejo, pero no siempre en un acto completamente deliberado. Es ahí donde nosotros debemos hacernos cargo de ese otro y de sus expectativas y como profesionales nos corresponde generar bases sólidas para colaborar en una relación, que no sólo contemple al resultado final, sino al desarrollo de un proceso que implica la construcción de un proyecto en conjunto.

Todo este proceso es en sí la actividad proyectual. Y la cultura del diseño se basa en el desarrollo consecuente de la actividad proyectual. Un proyecto no puede dejar de contemplar la solución a un problema pero tampoco puede dejar que contemplar a ese otro que nos pone de cara a una nueva situación a resolver. ¿Es esto algo que sepa ese otro? Incluso, ¿es algo que tengamos en claro nosotros, los diseñadores? Bueno, en principio yo creo que no. En la universidad estudiamos currículas que nos explican a través de teoría y práctica lo excelente de la disciplina y todos los aportes sociales que podemos hacer. Tardamos años en comprender algo que a simple vista parece ser muy importante, pero después ¿nos tomamos el tiempo de explicárselo a los demás? ¿No es un poco extraño que pretendamos que sea obvia la utilidad del diseño aún a sabiendas de que a los mismos diseñadores nos ha costado años de aprendizaje? El primer día que entré en la facultad el arquitecto Speranza nos dijo: “Ustedes tienen que dejar de ser usuarios para ser diseñadores del mundo que habitan”. Y así es. Como profesionales no podemos participar de nuestro contexto sin intervenir activamente y conscientemente en él. Aún no son muchos los profesionales del diseño que se toman este trabajo,
asumiendo con sensatez la construcción de una cultura profesional que tome en cuenta los aportes que puede, y debe, hacer a la sociedad.

Y es nuestro deber por varios motivos. En principio porque generar esta cultura del diseño involucra una serie de hábitos que implican la valoración y naturalización de la práctica proyectual. Esos hábitos se adquieren a partir de la práctica, del ensayo, de una metodología de trabajo colectiva y participativa entre diseñador y comunidad.

Implica poner a prueba nuestros saberes en función de una apropiación social libre pero voluntaria. Más allá de las diferencias disciplinares, podemos consensuar en que el diseño es, en principio y básicamente, un servicio. Puede originar un producto concreto y tangible, pero ante todo es un servicio. Ese servicio se ve reflejado en la elaboración de una solución estratégica a determinada problemática. Sólo entendiendo nuestro trabajo de este modo, podremos llegar a que sea entendido el valor de los aportes del diseño.

Entonces, la primera actividad del diseñador en el ámbito profesional debería ser trabajar por la comprensión y la construcción de una cultura de diseño. El diseño comprende una instancia fundamental que es que los propios profesionales hagan entender y valer a la propia disciplina. Si el diseño mismo es educativo, cómo no lo va a ser el diseñador. No deberían poder separarse un concepto de otro. Estamos frente a la responsabilidad de construir una sociología del diseño generando modos de acercamiento de distintos sectores de la sociedad.

¿Qué implica esto? El diseñador tiene la obligación de cumplir un rol pedagógico en la sociedad; su deber no es sólo aplicar metodologías proyectuales para llegar a buenos resultados sino también poder explicar dichas prácticas a sus interlocutores con el fin de que estos puedan apropiárselas, replicarlas, exigirlas y respetarlas. Para esto es indispensable el diálogo: escuchar y ser escuchado, construir la solución en conjunto y aplicar métodos participativos, generar confianza mutua y, por sobre todas las cosas, hablar con fundamentos teóricos consistentes. Es ahí cuando comienza el diseño.

La clave sea tal vez cuestionarse siempre propia la práctica para entender si resiste los cuestionamientos: si hay respuestas concretas a esas preguntas terminaremos por entender que sí estamos trabajando en una cultura del diseño y que ese otro la está comprendiendo. Reevaluar la práctica propia a partir de la crítica es hacerla más resistente.

La construcción de una cultura del diseño implica la madurez profesional. Implica ser humilde y contar con trabajo y palabras por qué se hace lo que se hace. Una vez que el diseño esté inmerso en la cultura en forma consciente, podrá hacer sus aportes funcionales de manera reconocida. ¿No empezaron así alguna vez los arquitectos, acaso? Nuestra disciplina es más jóven y se puede decir que tenemos la suerte de tener este desafío entre manos.

 

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Debate
  1. Alicia dice:

    Muy clara la exposición. Nunca se me ocurrió la riqueza que implica la tarea del diseñador.

  2. Jorge H. Lascano dice:

    Es verdaderamente apasionante el mundo del Diseño. Evidente la sociedad de consumo, insentivo en mucho El Diseño; cuando compramos lo que compremos, detras de todo hay como minimo un diseñador. Por ello, la clase magistral que hace la Sra. Guadalupe, nos lleva a un mundo de fantasia, que no lo es, es solo la realidad de nuestros tiempos, cuyos profesionales estan diseñando el futuro.
    Gracias a ustedes, los diseñadores, nuetros productos podran llevar Valor Agregado y nuestros trabajadores tendran pleno empleo.

  3. Diego Diaz dice:

    El leer este articulo es fortalecer los pensamientos y criterios que uno debe tener frente al diseño gráfico como disciplina, es bastante importante continuar en la búsqueda de formas de concientizar la importancia que tenemos ante la sociedad como diseñadores gráficos por eso valoro mucho tu articulo y me pareció muy concreto. gracias por tan buen articulo.

  4. Alexis dice:

    Muy muy muy interesante

  5. Mucha verdad en tus palabras! Gracias por el buen articulo.

  6. Guadalupe dice:

    ¡Gracias a ustedes por tomarse el trabajo de leerlo!

  7. Mariana dice:

    Te recomiendo una revista que trata sobre este tema: http://www.designstudiesforum.org/journal/
    Y especialmente el libro de Guy Julier The Culture of Design.

    Saludos!

  8. Guadalupe dice:

    Qué bueno, Mariana!
    Lo miro. Gracias!

  9. Soledad dice:

    Me gustaría saber desde dónde hablás de “cultura” Hay cientos de posturas respecto al concepto cultura. A cuál te referís? Con que base teórica? a partir de que pensadores? Considero que lo estás utilizando ingenuamente, es un concepto con una carga muy pesada en la historia y estaría bueno que argumentaras tu texto con bases teóricas y no quedara en una simple deducción del sentido común.

  10. lucia dice:

    Muy buen articulo!

    Siempre que se habla de la cultura de diseño, me genera una incertidumbre en lo que respeta a nuestro país. Yo como diseñadora gráfica, me asusto del poco espacio que nos dan las empresas para poder ser generadores de cultura. Ultimamente, este espacio es dado por el CMD y parte del estado, me parece una iniciativa genial, pero que sucede con las empresas qué son los que generan el ritmo del mercado.
    En todas las búsquedas de diseño se apunta a un operador… porque la empresa busca economizar precios y tiempo. Cómo podemos buscar la alternativa para brindarle ese plus … eso que podemos dar como diseñadores. Creo que debería haber una culturización en las empresas, brindar charlas sobre las ventajas del diseño, en otros países el design research es una herramienta fundamental para el crecimiento de nuevos productos para el mercado. Acá pocas empresas le dan valor, y las que si son multinacionales que tienen una estructura que traen de afuera como es el caso de google.
    Como en todos los aspectos de nuestra vida, debemos empezar por uno mismo desde lo más mínimo como explicarle a nuestros padres que no hacemos dibujitos sino que intentamos resolver problemas desde un aspecto visual, proyectual y comunicacional. De ahí, en adelante. Creo que debemos seguir por este camino que estamos gestando, pero tenemos que tener aún más agallas para demostrar de lo que somos capaces generar cultura.

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